Apoyando a las Aves Playeras en su Hogar de Verano en el Hemisferio Sur

Monica Iglecia, Maina Handmaker, Rob Clay, y Brad Winn

La base de sus largos y delgados picos parecía aún más rosada en la suave luz anaranjada del ocaso. Con un sol que se ponía tan tarde, a menudo seguíamos buscando aves playeras hasta las nueve y media de la noche. En los humedales costeros de la isla de Chiloé, Chile, estábamos sentados en una playa rocosa a 41.9 grados sur, la latitud casi exactamente inversa a Plymouth, Massachusetts. Pero mientras las orillas de la Bahía de Cape Cod estaban atrapadas por el hielo, nos quedamos maravillados mirando en silencio cómo una bandada de Zarapitos de pico recto (Limosa haemastica)  se reunía para dormir.

Este grupo de Zarapitos se reproduce durante el verano Boreal en Alaska, a más de 10,000 millas al norte. La isla de Chiloé es el destino no reproductivo de la mayoría de las hembras de Zarapitos de pico recto que pasan el invierno en la costa del Pacífico. La ensenada donde observamos estas aves es parte de los Humedales Orientales de Chiloé, un sitio de la Red de Reservas de Aves Playeras del Hemisferio Occidental que colectivamente protege casi 4,700 acres de áreas de descanso y alimentación cruciales para estos viajeros épicos.

En enero de 2018, la División de Gestión de Hábitat de Manomet y el personal de la Oficina Ejecutiva de la RHRAP viajaron a Chile para impartir dos Talleres de Ecología, Conservación y Manejo de Aves Playeras, uno en Santiago y el otro en la isla de Chiloé. Estos primeros talleres de 2018 se basaron en los éxitos de talleres recientes en América del Sur, en Bahía Samborombón y Bahía Blanca en Argentina en 2017, y Lagoa do Peixe y Banco dos Cajuais en Brasil en 2016. Estos talleres conectan a los participantes con una amplia red de socios en la conservación de las aves playeras en las Américas, fortaleciendo la comprensión local de la ecología de las aves playeras, creando grupos de conservación e inspirando esfuerzos a largo plazo para implementar acciones de manejo beneficiosas.

 Santiago workshop participantsParticipantes del taller de Santiago frente a la Universidad de Santo Tomás

El primer taller se realizó en la capital chilena, Santiago. Este taller fue organizado en colaboración con la Universidad de Santo Tomás y el Centro Bahía Lomas. Los 23 participantes representaban a 15 organizaciones diferentes, incluido el Ministerio del Medio Ambiente y una variedad de organizaciones sin fines de lucro. Juntos, influyen o manejan directamente más de 1,000 acres de hábitat de aves playeras. El personal de Manomet lideró sesiones sobre identificación de aves playeras, estrategias de migración, tecnologías de seguimiento, monitoreo poblacional y buenas prácticas de gobernanza. Presentadores locales invitados mostraron una serie de proyectos, desde un esfuerzo nacional de ciencia ciudadana que produjo el Atlas de las Aves Playeras de Chile, hasta proyectos de monitoreo a largo plazo, como la investigación de Playero ártico realizada por Carmen Espoz en el sitio RHRAP de Bahía Lomas en Tierra del Fuego. Este sitio cerca de Punta Arenas es el lugar de invernada más crítico en Suramérica para la subespecie rufa de Playero ártico que está en peligro de extinción.

“Nos complace haber colaborado en esta importante iniciativa”, dijo Espoz después del taller. “Estoy agradecida por la oportunidad que me brindó el taller de presentar el progreso que hemos logrado en la gestión del sitio de la RHRAP en Bahía Lomas … ¡Espero poder ofrecer este taller en noviembre, en Punta Arenas!”

the workshop was really“El taller fue realmente enriquecedor. “No solo me permitió conocer gente nueva, sino compartir experiencias para reproducirlas en nuestros lugares de trabajo … Aprendimos nuevas herramientas para ayudar a la conservación de aves playeras migratorias, pero lo más importante, herramientas para diseminar esta información a la comunidad: para que cada uno de nosotros, con nuestro propio grano de arena, pueda ayudar a proteger estas aves “. -,” Participante de Santiago, Francisca Rojas, bióloga en la Estación de Investigación Marina Costera – un laboratorio de investigación y enseñanza en la Pontificia Universidad Católica de Chile que tiene un área marina protegida asociada. Foto: Maina Handmaker

Sebastian Herzog, Oficial del Programa de Alianzas Internacionales de la Sociedad Nacional Audubon en Chile, habló sobre los impactos del cambio climático en las poblaciones de aves, reconociendo que la Estrategia de Conservación de Aves Playeras del Pacífico de América caracteriza el cambio climático como una amenaza “Muy Alta” para las aves playeras en Chile. Los participantes identificaron las amenazas más apremiantes en sus propios sitios, y se dividieron en grupos para desarrollar estrategias para abordar tres desafíos generalizados: perros sueltos, tráfico de vehículos en las playas, y polución y contaminación. Los grupos analizaron estas amenazas en objetivos específicos y acciones concretas mientras discutían la información que necesitaban reunir, los socios y las alianzas que esperaban cultivar, y pensaban en los próximos pasos tangibles a seguir. La energía y experiencia intercambiadas durante estas discusiones grupales fue un punto culminante del taller.

El taller de Santiago terminó con una mañana en el estuario del río Maipo en el sitio de la RHRAP justo al sur de uno de los puertos más concurridos de Chile. El grupo practicó la identificación de especies y la estimación de tamaños de bandadas en un contexto de desarrollo industrial, observando Playeros blancos, (Calidris alba), Perritos (Himantopus mexicanus), Pilpilén común (Haematopus palliatus), Playero vuelvepiedras (Arenaria interpres), Zarapitos comunes (Numenius phaeopus) y tres especies de playeros del género Calidris, incluida una rareza chilena, el Playero enano (Calidirs minutilla). El sitio fue un ejemplo perfecto de muchas de las amenazas discutidas en el taller, pero también demostró que un humedal urbano protegido puede crear un oasis para las aves playeras migratorias.

Santiago participants practiceLos participantes del taller de Santiago practican la estimación de bandadas y la identificación de especies con Monica Iglecia en el sitio de la RHRAP Desembocadura y Estuario de Río Maipo.

Chiloe Workshop participantsParticipantes del taller de Chiloé en el subsitio de la RHRAP Caulín

Crossing the Chacao ChannelCruzando el canal de Chacao desde el continente de Chile a la isla de Chiloé con vistas a los volcanes andinos. Foto: Monica Iglecia

El segundo taller se realizó a 700 millas al sur en Ancud, en la costa norte de la isla de Chiloé. Antes de cruzar el Canal de Chacao a la isla, visitamos el sitio RHRAP Humedales de Maullín con Claudio Delgado, el director de nuestra organización asociada local Conservación Marina. Una manada de delfines de Peale apareció justo en la orilla cuando vimos un grupo de Playeros de Baird mezclarse perfectamente en la playa. La marea subió por encima de los planos lodosos, y vimos cientos de Zarapitos comunes entrar a sus zonas de descanso mientras nuestra pequeña panga nos llevaba río abajo.

En 2010, la RHRAP, Manomet y National Audubon ayudaron a lanzar el Plan de Conservación de las Aves Playeras Migratorias de Chiloé con una coalición de socios locales, nacionales e internacionales. Apenas unos meses antes de este taller, Diego Luna Quevedo impartió un taller de Buena Gobernanza para ayudar a promover los objetivos del Plan de Conservación. El taller de Chiloé fue otra parte clave de la implementación de la Fase Cuatro de este plan de Conservación, respaldado por la Fundación Packard e implementado por Manomet, Audubon y los socios locales CECPAN y Conservación Marina.

Los 17 participantes en el taller de Chiloé representaron a 11 organizaciones diferentes. Eran personal de ONG locales y gobiernos provinciales, líderes municipales, autoridades de turismo, biólogos y propietarios  privados, que representaban más de 5,000 acres de hábitat de aves playeras en el archipiélago. Luis Espinoza, un profesor que ha estado estudiando Zarapitos de pico recto en Chiloé por más de tres décadas, reveló los resultados de su reciente investigación. Espinoza presentó mapas de rutas de Zarapitos de pico recto a partir de rutas de transmisores satelitales- no solo descubrió sus rutas de migración y sitios de escala entre Chiloé y Alaska, sino también sus movimientos para encontrar las áreas de alimentación y descanso más importantes de la isla. Este intercambio de datos motivó a un participante del taller a explorar el proceso de expansión del sitio de la RHRAP para incluir un lugar importante adicional identificado por la investigación de Espinoza.

 We were delighted“Estuvimos encantados de participar en el taller en Chiloé. Nos permitió aprender, reforzar y compartir ideas con los involucrados en aves playeras, conservación y ordenanzas, temas en los que hemos estado trabajando durante años en Curaco de Vélez “. – Luis Espinoza, Participante y Presentador, Taller Chiloé. Foto: Maina Handmaker

Tuvimos la suerte de apoyar a varios participantes del taller en un festival de aves playeras después del taller, en la ciudad de Curaco de Vélez, uno de los subsitios de la RHRAP en la isla de Quinchao. Claudio Delgado habló sobre los esfuerzos de Conservación Marina para proteger el hábitat de las aves playeras; Luis Espinoza lideró grupos de todas las edades para observar aves playeras en el subsitio cercano de la RHRAP, Chullec. La participante del taller Carolina Vidal, que trabaja para el departamento de turismo del gobierno provincial de Chiloé, habló sobre el orgullo que la comunidad siente por ser el hogar de tantos Zarapitos (el nombre común chileno tanto para las Zarapitos de pico recto como para su primo de pico curvo, el Zarapito común) en el verano austral La celebración incluyó actuaciones musicales, artesanías tradicionales y el famoso plato de mariscos curanto de Chiloé.

In the immediate term“A corto plazo, parte de las lecciones [del taller] se integrarán en un manual de buenas prácticas de acuicultura que estamos desarrollando para ayudar a mitigar su efecto negativo en el hábitat de los Zarapitos pico recto en Curaco de Vélez, y también para construir capacidad con empresas que desarrollan infraestructura costera que puede afectar a las aves playeras. Es importante que este tipo de talleres conecte a los socios de la red e incluya vecinos y amigos de los sitios, porque aumenta la comprensión y el debate sobre la posibilidad de acciones colaborativas”. Claudio Delgado, director de Conservación Marina, visto aquí observando aves Sitio de la RHRAP Maullín con personal de Manomet. Foto: Brad Winn.

Desde que terminó el taller, hemos continuado trabajando con los participantes para compartir información y orientación para ayudarlos a alcanzar sus objetivos de conservación de aves playeras. Sol Bustamante está a cargo de la Región de los Lagos de Chile por parte del Ministerio de Medio Ambiente federal. Ella quería mostrar las aves playeras de Chiloé en iniciativas educativas, materiales turísticos y en presentaciones a la Mesa Redonda Provincial de Humedales, así que hemos compartido fotos de Zarapito de pico recto, Zarapito común y especies residentes como la Becasina comúny Queltehue común para su uso en folletos informativos. Maribel Díaz compró recientemente una propiedad en la costa de la bahía de Pullao, y reconoció que miles de aves playeras descansaban en las marismas frente a su tierra. El equipo de Gestión de Hábitat la visitó después del taller para analizar las oportunidades de manejo de su sitio para aves playeras. Junto a la propiedad de Maribel, se encuentra el principal sitio de descanso de la bahía de Pullao, un área recientemente adquirida por Audubon que pertenece y es administrada por nuestra organización asociada Centro de Estudio y Conservación del Patrimonio Natural. Alrededor de la ensenada de esa propiedad se encuentra Refugio Pullao, un albergue de seis habitaciones que trabaja para conectar a los huéspedes con la maravilla de las aves playeras migratorias, propiedad de Carlos Grimalt, otro participante en el taller. La bahía de Pullao es otro de los humedales que conforman el sitio de la RHRAP en Chiloé. En nuestros últimos días en la isla, nos quedamos con la boca abierta, ya que casi 10.000 Zarapitos de pico recto se reunieron para descansar durante la marea alta en la Bahía Pullao.

Los Talleres de Ecología, Conservación y Manejo de Hábitat de Aves Playeras en Chile avanzaron para fortalecer las asociaciones y cultivar nuevas conexiones, vitales para mantener áreas protegidas para las aves playeras como Bahía Pullao, Maullín y el Estuario del río Maipo. ¡La planificación ya comenzó para futuros talleres en el sur de Chile!

A Whimbrel works onUn Zarapito común con su cena en los humedales cerca de Ancud, Chiloé. Foto: Maina Handmaker

A flock of HudsonianUna bandada de Zarapitos de pico recto en los humedales de Quilo en la isla de Chiloé. Foto: Brad Winn

An inquisitive BairdsUn inquisitivo Playero de Baird camina por la costa cerca de Ancud en la isla de Chiloé. Foto: Monica Iglecia

¡Mira más fotos de nuestros talleres de Chiloé y Santiago en el Facebook de Manomet!

Migratory Connectivity of Semipalmated Sandpipers and Implications for Conservation

The Semipalmated Sandpiper (Calidris pusilla) is a small shorebird, most commonly seen on migration along the coastlines of the eastern United States.  It was historically one of the most widespread and numerous shorebird species in the Western Hemisphere, breeding across the North American Arctic tundra, but major population declines have been documented in the core of the nonbreeding range in northern South America.  Breeding populations have also declined in the eastern North American Arctic, but appear to be stable or increasing in the central and western Arctic.  To help understand what is causing the declines and work toward conservation of this species, we set out to track migration routes and stopover sites using light-level geolocators, a relatively new technology which determines the bird’s position on earth by measuring the length and timing of daylight throughout the year.  The major challenge to use these tags is that you have to catch the bird once to put on the geolocator, and then you have to recapture the same bird the next year to retrieve it, which requires finding the same bird again in the vast arctic tundra.  Luckily, they tend to return to the same breeding areas the next year.

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Our large group of 18 partner organizations worked collaboratively to carry out the study across the entire North American Arctic from Nome to Hudson Bay, and we attached 250 geolocators to birds by mounting expeditions to 8 different field sites.  Our field crews faced challenging conditions, working in the Arctic where the weather is always unpredictable and where both Grizzly and Polar Bears regularly visit field sites.  We repeated expeditions the next year to each site, and recovered 59 of the units by recapturing birds.  The treasure trove of data showed migration routes and stopover sites from the entire year in the life of each bird, and showed that birds breeding in the eastern Arctic wintered in northeastern South America.  Birds from eastern Alaska and far western Canada wintered from Venezuela to French Guiana.  Central Alaskan breeders wintered across a very wide range from Ecuador to French Guiana.  Birds that bred in western Alaska wintered mainly on the west coasts of Central America and northwestern South America, outside the nonbreeding region in which population declines have been observed.

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Our results confirm that Semipalmated Sandpipers that breed in the eastern Arctic and use the Atlantic Flyway also use the areas in South America where population declines have been detected, suggesting that declines may be concentrated in populations along the Atlantic Flyway and in the eastern Arctic.  However, because some birds from sites as far west as Barrow also used the areas in northeastern South America where declines have occurred, further work is needed to localize the geographic areas used by declining populations, and therefore the potential causes for the declines.  We identified several new stopover and wintering areas, where implementing conservation actions to preserve the habitats used by Semipalmated Sandpipers could contribute to protecting the species.  We measured a larger impact of geolocators on return rates than has been observed for larger shorebirds, indicating that caution should be used when working with small shorebirds, and that potential new information gains from additional geolocator studies should be weighed against expected impacts on individual survival.  Our data also provided new insights about how long birds stay at migration stopover sites, which will be useful to studies that measure and monitor the total size of populations using these sites. Understanding the connections between breeding, migration, and wintering areas for these populations of a widespread yet declining shorebird can help future studies to identify the causes of declines and ensure the effectiveness of targeted conservation efforts.

Camp Life

Each night we call the Canadian agency responsible for tracking field crews in the arctic, to let them know we are safe and well.

Each night we call the Canadian agency responsible for tracking field crews in the arctic to let them know we are safe and well.

 

When we give talks about our work we are always asked what it is like to live in tents in tough arctic conditions where it can snow any day of the year and we must constantly be vigilant for grizzly bears, and polar bears. The conditions are often hard, but being in such vast wilderness, living in the most pristine land-based ecosystems on earth, fills us with an awe that more than compensates for the difficulties.

 

On cold and windy evenings with storms approaching, we especially appreciate having shelter.

On cold and windy evenings with storms approaching, we especially appreciate having shelter.

 

At Coats Island we are sleeping in a small unheated cabin for the first time in more than a decade of arctic field camps. The Canadian Wildlife Service built cabins for researchers because of the many polar bears that spend their summers on these islands in Northern Hudson Bay after the ice melts. Having a foam mattress on a plywood bunk is a great luxury! Our kitchen, chairs, and work table, at which we write these posts on a laptop run by a generator, are in a canvas wall tent. In the Arctic Refuge we work and sleep in tents because it is a federal wilderness area and we are required to pack in and pack out everything we need, and to leave no trace when done.

 

The cabin needs to be secured with to survive the harsh winter winds, and the ropes needed many repairs while we were there, to see the camp safely through another year.

The cabin needs to be secured with to survive the harsh winter winds, and the ropes needed many repairs while we were there, to see the camp safely through another year.

 

The hardest thing about the arctic for most of us is not the cold but the wind. It blows 20-30 mph most days, more during storms, and is often gusty above those baselines. The constant howl, flapping of tent walls, high pitched whine of guy lines, and struggle to walk in strong winds are incredibly fatiguing. When the temperature is below freezing and it is foggy, which is often the case on the Arctic Ocean coast, the wind turns fog into little crystal pellets that relentlessly sting your face. It is also quite challenging to focus on tiny birds when both our binoculars and their flight are buffeted by strong winds.

 

Every night we go through all of our banding supplies to make sure we have everything we need in the field for the next day.  Metta gets the kits ready with special attention to detail.

Every night we go through all of our banding supplies to make sure we have everything we need in the field for the next day. Metta gets the kits ready with special attention to detail.

 

We cook on a two burner camp stove run either with propane or white gas. Dinners are generally simple, one-pot affairs when possible. Our staple breakfast menu revolves around hot water: coffee, tea, and oatmeal with a variety of toppings. Lunches are sandwiches, pilot bread and canned fish, and plenty of snacks to get through long days in the field. Some days we use a stove-top camp oven, tricky aluminum boxes that are hard to heat evenly, but once mastered enable much appreciated treats when we have the time and energy: cookies, coffee cakes, biscuits, brownies, and even pizzas! Everything tastes better up here. At most camps setting up, cleaning, and replenishing water filters from a river or pond to slowly drip throughout the day while we work is a major camp chore. At Coats Island the river water is so pure that it doesn’t need filtration, a marvel in the 21st century.

 

Cleaning guns is a regular chore in camp, so they will be ready in a pinch.

Cleaning guns is a regular chore in camp, so they will be ready in a pinch.

 

Nearly everyone is curious how we handle our bathroom in the wilderness, though most are too shy to ask. In the tundra where there are no trees for cover, and our crews are equipped with the world’s best binoculars, politely turning one’s back when a teammate drops behind or moves off is an unspoken norm. In wilderness camps where we pack everything out we use “wag bags,” large sealing bags with enzyme powder inside that we set up in a portable loo and replace the bag as needed; paper is burned in a tin can.

 

An especially lovely sunset around camp, and a moment to pause and reflect on our surroundings.

An especially lovely sunset around camp, and a moment to pause and reflect on our surroundings.

 

Most camps construct some kind of shield around their loo, or “biffy” as it is called here in Canada. At the Canning River it is made of half sheets of plywood and has a lovely river view. Here at Coats we have a 3-sided tripod structure with blue plastic tarp wrapped around it, and a 2×4 frame for a brand new comfortable seat. Another luxury. Our biffy overlooks a deep bend in the river where it would be easy to be surprised by a bear; for that reason we designate one of our four shotguns as the “loo gun” while in camp and always take it with us. Probably not too many people carry a 12 gauge with 2 ¾” rifled slugs when they visit the loo!

 

In past years the CWS crews have been here later in the season when the mud dries out. Although the walking is difficult, we all appreciate slowing down to the natural pace of the world around us. Having this short reprieve from the relentless multi-tasking of “normal” life makes “normal” look quite different. It seems to take at least a week to get into the rhythm of life here, and although we work long days and it sometimes feels hectic, watching the life around us for hours every day is a powerful antidote to the pace of life back home.

 

We rarely see the moonrise in the arctic, because the sun is usually up, but this lovely moonrise was a rare treat.

We rarely see the moonrise in the arctic, because the sun is usually up, but this lovely moonrise was a rare treat.

 

Perhaps the most magical aspect of working in the arctic in the summer is the midnight sun. In the Arctic Refuge the sun never sets while we are there, it circles the sky creating beautiful rosy and golden light for many hours every night. The birds are active then, and listening to Pacific and Red-throated Loons in the long light of an arctic summer night is an indescribable thrill. We find it difficult to go to bed on nights when the clouds and fog lift, suffusing the tundra with a soft magic that nourishes something deep within us. The sun dips below the horizon for a few hours at Coats, giving us our first arctic full moon rise over the river a few nights ago. We fall silent at such moments, each of us filling a place inside that renews us in the moment, from which the memory can sustain us in the months ahead.

 

At the end of a long day, having a cabin to sleep in is a real luxury compared to our many years sleeping on the arctic ground in tents.

At the end of a long day, having a cabin to sleep in is a real luxury compared to our many years sleeping on the arctic ground in tents.